Se revuelca de ira frente al televisor. Ahí están los 11 hombres que llevan la pesada carga de todas sus expectativas, su historia familiar, su sufrimiento. "El Tano" Pasman grita y se angustia en una filmación hogareña. En todo el país y el mundo su historia despierta carcajadas entre miles de personas. Menos entre los cardiólogos. Se preguntan cuánto más podrá resistir su corazón.

Sufrir el fútbol tanto como "El Tano" tiene sus riesgos. Está demostrado que ciertas personas, sometidas a situaciones de alto estrés emocional, como las que plantea un partido de fútbol decisivo, experimentan un aumento del riesgo de padecer una dolencia cardíaca potencialmente fatal.

La Dirección de Emergencias ha realizado varias veces intervenciones por infartos después de un partido de fútbol, aunque no es una estadística abrumadora, precisan las autoridades.

¿Cuándo se pasa de la simple catarsis al peligro de infarto? Con la idea de resolver esta pregunta tres profesionales tucumanos realizaron una investigación entre hinchas "decanos" y "santos". "El proyecto surgió cuando un paciente nos dijo que su cardiólogo le había prohibido ir a la cancha. Fue así que decidimos comparar si había mayor riesgo entre los que estaban en las tribunas o los que se quedaban en casa a ver fútbol por televisión", explicó Roque González, cardiólogo que dirigió el proyecto junto a su colega Rodrigo de Rosa y al psicólogo Daniel Vargas.

El año pasado los especialistas monitorearon los corazones de ocho hinchas, cuatro de Atlético y cuatro de San Martín, en dos oportunidades. Los pacientes estuvieron una vez en la cancha y otra vez en el living de una casa viendo por televisión el superclásico. Todos fueron estudiados con equipamientos específicos para controlar la tensión arterial y el ritmo cardíaco.

Si bien los resultados finales aún no están, los médicos adelantaron que el estrés producido por los partidos puede incrementar los parámetros cardiovasculares hasta límites peligrosos.

Ante todo, los especialistas aclaran que la tensión que puede provocar un partido, ya sea en la cancha o afuera de ella, puede gatillar un infarto cuando una persona reúne factores de riesgo.

Los datos preliminares muestran claramente que ver el partido en casa fue más riesgoso que concurrir a la cancha. Frente al televisor la frecuencia cardíaca comienza a alterarse hasta dos horas antes y durante el juego la presión arterial pasaba, en algunos casos, de 130 a 154 (lo normal en adultos es de 90 a 140). La frecuencia cardíaca aumentaba casi 10 puntos.

"La ira es un factor de riesgo cardíaco sumamente importante", señaló González. Un penal, un gol o una mala decisión arbitral son capaces de elevar los latidos del corazón y la presión arterial. El médico puso como ejemplo un estudio realizado durante el partido que Argentina disputó con Inglaterra en los octavos de final del Mundial de Francia 98 (ganó Argentina por penales). Los resultados: aumentaron un 30% los ingresos en las unidades coronarias inglesas. Otro caso: en 2008, tras el superclásico argentino del 4 de mayo, los hospitales de la capital debieron atender cuatro veces más infartos que en un domingo normal.